|
Soñé que interpretaba en un teatro aquella canción de Alberto Pérez:
YO TENÍA UNA OVEJIIITA LUCERAAA QUE DE CAMPANIIIILLAS LE HE PUESTO UN COLLAAAAR.
Pero lo realmente importante del sueño, el momento apoteósico, y tiemblo con sólo recordarlo -¿he dicho tiemblo? Espasmos, me dan espasmos-, llegaba con el estribillo. El piano enmudecía cuando yo entonaba aquello de:
ME GUSTA CUANDO BALAAA LA OVEJITAAAA.
Me levantaba e invitaba al público a seguirme.
Y todos balaban conmigo, mamá.
|